Cómo mantener una alimentación rica en hierro durante las vacaciones
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La escarlatina es una infección bacteriana que aparece sobre todo en la infancia y que suele comenzar como un dolor de garganta con fiebre. Lo que la hace diferente de una faringitis normal es que, además, provoca un sarpullido característico en la piel. Aunque hoy en día suele tratarse bien y la mayoría de los niños se recuperan sin problemas, es importante reconocer sus síntomas para consultar con el pediatra y empezar el tratamiento si hace falta.
En este post te explicamos qué es la escarlatina en niños, cómo suele manifestarse y qué señales conviene vigilar.
La escarlatina está causada por una bacteria llamada estreptococo del grupo A, la misma que puede producir algunas infecciones de garganta. En algunos casos, esta bacteria libera toxinas que desencadenan una erupción en la piel. Cuando eso ocurre, hablamos de escarlatina.
Es más frecuente en niños en edad escolar, aunque puede aparecer también en otros momentos de la infancia. Se contagia a través de las secreciones respiratorias, por ejemplo al toser, estornudar o compartir objetos muy próximos, por eso puede pasar con facilidad en casa, en el colegio o en actividades con otros niños.
La escarlatina no suele empezar directamente con el sarpullido. Lo más habitual es que primero aparezcan síntomas bastante parecidos a los de una infección de garganta. El niño puede empezar con fiebre, dolor al tragar, malestar general y menos ganas de comer. A veces también hay dolor de cabeza, dolor abdominal o incluso vómitos.
En ese primer momento, puede parecer simplemente una faringitis más. La clave está en que, al cabo de unas horas o uno o dos días, aparece el exantema o erupción típica que orienta mucho más el diagnóstico.
Uno de los signos más característicos de la escarlatina es el sarpullido rojo que aparece en la piel. Suele comenzar en el cuello, el pecho o la parte alta del tronco y después extenderse al resto del cuerpo. No siempre tiene exactamente el mismo aspecto en todos los niños, pero hay una descripción muy típica: al tocar la piel, puede notarse áspera, como papel de lija.
Además, suele verse más intenso en algunos pliegues, como las axilas, las ingles o la parte interna de los codos. La cara puede estar enrojecida, pero a menudo la zona alrededor de la boca queda más pálida, algo que también puede llamar la atención.
A medida que pasan los días y el niño mejora, es posible que la piel empiece a descamarse, sobre todo en las manos, los pies o las puntas de los dedos. Esto forma parte de la evolución habitual.
Además de la fiebre, el dolor de garganta y el sarpullido, hay otros signos que pueden aparecer. Uno de los más conocidos es la llamada lengua aframbuesada. Al principio puede verse blanquecina, pero después se vuelve más roja, con las papilas muy marcadas, dándole ese aspecto parecido al de una frambuesa.
También es habitual que el niño esté más cansado, irritable o con menos apetito. Los ganglios del cuello pueden estar inflamados y doler al tocarlos. En conjunto, suele ser un cuadro bastante llamativo, aunque no todos los síntomas aparecen siempre con la misma intensidad.
A veces la escarlatina puede confundirse con otros procesos que también cursan con fiebre y sarpullido. Por ejemplo, algunas infecciones víricas pueden dar manchas en la piel, y otras veces el niño tiene simplemente una amigdalitis sin escarlatina.
Lo que más orienta es la combinación de dolor de garganta, fiebre y exantema rojo áspero al tacto. Si además aparece la lengua aframbuesada o los pliegues se ven especialmente rojos, la sospecha es aún mayor.
De todos modos, el diagnóstico debe hacerlo el pediatra, que valorará los síntomas y, si lo considera necesario, realizará una prueba para confirmar si hay infección por estreptococo.
La escarlatina se trata con antibióticos, normalmente los mismos que se usan para la faringitis estreptocócica. El objetivo es eliminar la bacteria, acortar la duración de la enfermedad, reducir el contagio y prevenir complicaciones.
Además del antibiótico, suele ser útil controlar la fiebre y el dolor con el tratamiento que indique el pediatra, ofrecer líquidos con frecuencia y priorizar una alimentación suave si al niño le cuesta tragar. Lo habitual es que, una vez iniciado el tratamiento, la fiebre empiece a bajar y el niño se encuentre mejor en pocos días.
Es importante completar el tratamiento tal y como lo haya pautado el pediatra, aunque el niño mejore antes.
Conviene consultar si el niño tiene fiebre, dolor de garganta intenso y aparece un sarpullido rojo en la piel. También si está muy decaído, le cuesta beber, vomita varias veces o tiene mucho dolor al tragar.
Si ya está diagnosticado y, a pesar del tratamiento, empeora, sigue con fiebre alta o presenta dificultad para respirar, también debe valorarlo un profesional.
La escarlatina en niños es una infección bacteriana que suele empezar con fiebre y dolor de garganta, y que después provoca un sarpullido rojo muy característico. Aunque puede impresionar bastante al principio, con un diagnóstico adecuado y el tratamiento correcto suele evolucionar bien.
Reconocer sus síntomas ayuda a consultar a tiempo y a evitar complicaciones. Si tu hijo tiene dolor de garganta y notas un exantema llamativo en la piel, lo mejor es pedir valoración pediátrica para salir de dudas cuanto antes.
Asociación Española de Pediatría. Escarlatina [Internet]. EnFamilia. [último acceso: 18 may 2026]. Disponible en: https://www.aeped.es/enfamilia/salud-en-familia/escarlatina
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