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La cera del oído, también llamada cerumen, suele preocupar más de lo que debería. A muchos padres les da la sensación de que hay que retirarla con frecuencia para que el oído esté "limpio", pero en realidad no siempre es así. De hecho, en la mayoría de los niños la cera cumple una función útil y no necesita manipularse. El problema aparece cuando intentamos quitarla con bastoncillos u otros objetos y, sin querer, acabamos empujándola hacia dentro o irritando el canal auditivo.
Una de las ideas que más conviene desmontar es que la cera es sinónimo de falta de higiene. Al contrario, el cerumen es una barrera defensiva natural que:
Protege el canal auditivo de infecciones
Atrapa el polvo, la suciedad y pequeñas partículas externas
Lubrica y mantiene la piel del oído en perfectas condiciones
Además, el oído cuenta con su propio mecanismo de autolimpieza: la cera va saliendo sola, poco a poco, hacia el exterior. Por eso, la mayoría de las veces solo hace falta limpiar lo que queda a la vista por fuera.
El error más frecuente al hablar de higiene de los oídos en niños es pensar que los bastoncillos limpian. En realidad, lo que suelen hacer es empujar la cera más hacia dentro, compactarla y favorecer la formación de un tapón. Además, pueden irritar la piel del canal auditivo y, si se introducen demasiado, incluso dañar el tímpano. Tanto la Asociación Española de Pediatría como otras fuentes pediátricas insisten en que los bastoncillos están contraindicados para limpiar el interior del oído.
En los niños pequeños, además, el riesgo es todavía más claro porque el canal auditivo es estrecho y delicado. Por eso, cuando se usan bastoncillos "para limpiar la cera", muchas veces lo único que se consigue es empeorar el problema.
Además de los bastoncillos, hay otras prácticas que conviene evitar. Meter el dedo, una horquilla, una pinza o cualquier objeto fino dentro del oído no limpia y lo que es peor, puede producir lesiones. Tampoco es recomendable intentar "sacar" la cera en casa cuando parece estar muy dentro, porque lo más fácil es empujarla más. Algunas fuentes también desaconsejan improvisar con remedios o maniobras caseras si no está claro lo que ocurre.
Otro error habitual es pensar que hay que dejar el oído completamente libre de cera. No hace falta. Un poco de cerumen visible no significa enfermedad ni falta de higiene. El objetivo no es "vaciar" el oído, sino evitar molestias y no interferir en ese proceso natural de limpieza.
La recomendación más sencilla suele ser también la más útil: limpiar solo la parte externa del oído. Es decir, lo que se ve por fuera, con una toalla, una gasa o un paño suave después del baño, sin introducir nada en el canal auditivo. En muchos casos, con eso es suficiente. La cera que realmente sobra suele ir saliendo por sí misma.
En caso de que un niño produzca mucha cera o tenga tendencia a formar tapones, será el pediatra o el profesional sanitario quien indique si hace falta algún tratamiento para ablandarla o retirarla de forma segura.
Aunque muchas veces no molesta, a veces la cera se acumula y forma un tapón. Si el niño produce un exceso de cerumen o tiene tendencia a formar tapones, debe ser el profesional sanitario quien paute un tratamiento seguro. Es aconsejable consultar con el pediatra si observas alguno de estos síntomas:
El niño se queja de dolor, picor o molestias dentro del oído.
Notas que ha disminuido su audición o refiere tener el oído taponado.
Aparece supuración o secreción (líquido).
Tiene sensación de mareo o alteración del equilibrio.
El niño es pequeño y se toca o se rasca la oreja de forma constante.
Recuerde: si hay dolor, supuración, antecedentes de perforación timpánica o el niño lleva tubos en los oídos, no deben usarse gotas ni líquidos por cuenta propia sin valoración médica.
La cera protege, no siempre necesita retirarse y, en la mayoría de los casos, el oído se limpia solo. Los bastoncillos siguen siendo uno de los errores más frecuentes porque no limpian el interior del oído y sí pueden empujar la cera, irritar o lesionar. Lo más recomendable es limpiar solo la parte externa y consultar con el pediatra si aparecen molestias, tapones o dudas.
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