Dolor de tripa en niños: ¿cuándo preocuparse?
El dolor de tripa en niños es uno de los motivos de consulta más frecuentes en pediatría. Casi todos los peques, en algún momento, se quejan de que...
3 minutos de lectura
Cuando hablamos de cuidar la salud respiratoria de los niños, solemos pensar en abrigarlos bien, evitar los cambios bruscos de temperatura o protegerlos de contagios. Pero hay un elemento que muchas veces pasa desapercibido y que cumple una función esencial: la mucosa nasal.
Esa capa interna que recubre el interior de la nariz no solo está ahí para “atrapar los mocos”. De hecho, es la primera línea de defensa frente a virus, bacterias y alérgenos, y mantenerla en buen estado puede marcar la diferencia entre un simple estornudo y un resfriado con complicaciones.
En este post te contamos por qué es tan importante la mucosa nasal, qué factores la dañan y cómo puedes protegerla para reducir el riesgo de infecciones respiratorias, especialmente en otoño e invierno.
.
La mucosa nasal es un tejido especializado que recubre el interior de las fosas nasales. Está formado por células que producen moco y están recubiertas de pequeños cilios, como pelitos microscópicos, que tienen una función muy activa: filtrar, humedecer y calentar el aire que respiramos, además de atrapar partículas potencialmente dañinas.
Este sistema actúa como un verdadero “filtro natural”. Cada día respiramos miles de litros de aire que contienen polvo, virus, bacterias, alérgenos y contaminantes. La mucosa nasal se encarga de interceptarlos antes de que lleguen a los pulmones.
Cuando la mucosa nasal está bien hidratada y funcionando correctamente:
Filtra los virus y bacterias antes de que entren al cuerpo
Reduce el riesgo de infecciones respiratorias (como catarros, bronquitis u otitis)
Previene la inflamación de las vías respiratorias
Disminuye la frecuencia de estornudos, picor y congestión
Favorece una mejor respiración, sobre todo durante el sueño
En cambio, cuando está seca, inflamada o irritada, pierde eficacia. Es entonces cuando los virus tienen más facilidad para entrar en el organismo, y aparecen los síntomas molestos que ya conocemos: congestión, mocos densos, estornudos o incluso dolor de garganta.
¿Qué puede dañar la mucosa nasal?
Hay varios factores que pueden afectar el equilibrio natural de la mucosa, especialmente en los meses fríos:
Ambientes secos, sobre todo con calefacción
Cambios bruscos de temperatura
Exposición a humos o contaminantes
Infecciones respiratorias previas
Uso excesivo de descongestionantes nasales
Alergias estacionales o al polvo doméstico
En los niños, además, la nariz es más pequeña y sus defensas están en desarrollo, lo que los hace más vulnerables a estos cambios.
Aquí van algunas recomendaciones sencillas que puedes aplicar en casa:
1. Uso excesivo de descongestionantes nasales
Beber suficiente agua a lo largo del día ayuda a que el moco nasal tenga una textura fluida y pueda cumplir su función protectora. En niños pequeños, ofrecer agua con frecuencia (o leche materna en lactantes) es clave.
2. Usar lavados nasales con suero fisiológico o soluciones específicas
Los lavados con suero fisiológico o soluciones salinas ayudan a limpiar la nariz, eliminar mucosidad acumulada y mantener la mucosa hidratada. En bebés y niños pequeños, conviene hacerlos de forma suave, con jeringa sin aguja o aplicadores nasales adaptados.
Algunas soluciones nasales incluyen ácido hialurónico, un compuesto natural que ayuda a hidratar y proteger la mucosa nasal. Su uso puede ser especialmente útil en ambientes muy secos o tras procesos catarrales que han dañado la mucosa. Consulta con tu pediatra si puede ser adecuado para tu hijo.
3. Evitar ambientes muy secos
El uso de humidificadores (bien mantenidos y desinfectados) o colocar un recipiente con agua cerca de la calefacción puede mejorar la humedad ambiental. También es recomendable ventilar las habitaciones todos los días, aunque haga frío.
4. Proteger frente al frío y cambios bruscos
Cubrir la nariz al salir al exterior en invierno puede ayudar a templar el aire y evitar que la mucosa se irrite. También es buena idea evitar cambios de temperatura muy bruscos, como pasar de una habitación muy caliente al exterior sin protección.
5. Revisar el entorno
Evitar el humo del tabaco, los sprays fuertes o el polvo acumulado en casa también es importante, ya que son irritantes directos de la mucosa nasal.
Si tu hijo tiene congestión nasal frecuente, ronca por la noche o respira siempre por la boca, conviene comentarlo con el pediatra. Podría tratarse de una alergia, hipertrofia de adenoides u otro problema que requiera valoración médica.
Además, si hay catarros recurrentes, otitis frecuentes o dificultades para dormir bien, cuidar la mucosa nasal puede ser parte de la solución.
Referencias:
El dolor de tripa en niños es uno de los motivos de consulta más frecuentes en pediatría. Casi todos los peques, en algún momento, se quejan de que...
El hierro es un nutriente esencial en la infancia. Participa en funciones tan importantes como el transporte de oxígeno en la sangre, el desarrollo...
Con el frío los virus respiratorios se multiplican. Los catarros, gripes y otros resfriados se vuelven habituales en las casas, los colegios y las...