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Cómo cambia la necesidad de hierro en las distintas etapas de crecimiento

El hierro es un nutriente esencial en la infancia. Participa en funciones tan importantes como el transporte de oxígeno en la sangre, el desarrollo neurológico, el sistema inmunológico y el metabolismo energético. Pero lo que no siempre se tiene en cuenta es que las necesidades de hierro no son iguales en todas las etapas del crecimiento.

Desde el nacimiento hasta la adolescencia, los requerimientos de este mineral varían según el ritmo de desarrollo y otros factores como el tipo de alimentación, el sexo y la aparición de la menstruación en las mujeres. En este post te explicamos de forma clara y práctica cómo evoluciona la necesidad de hierro a lo largo de la infancia y qué aspectos debes tener en cuenta en cada etapa.

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Primera etapa: lactancia y primeros meses (0–6 meses)

Durante los primeros meses de vida, los bebés sanos nacidos a término cuentan con reservas de hierro que han acumulado durante el embarazo. Estas reservas suelen ser suficientes para cubrir sus necesidades durante los primeros 4 a 6 meses de vida.

La leche materna, aunque no contiene grandes cantidades de hierro, lo aporta en una forma altamente biodisponible (es decir, el bebé lo absorbe muy bien). Por eso, en bebés alimentados al pecho exclusivamente, no suele ser necesario suplementar si el bebé nació con buen peso y está creciendo bien.

Sin embargo, en bebés prematuros o con bajo peso al nacer, las reservas pueden agotarse antes, y en estos casos el pediatra puede recomendar suplementación con hierro desde el primer mes de vida.

A partir de los 6 meses: empieza la alimentación complementaria

A partir de los 6 meses, las reservas de hierro empiezan a disminuir y la leche materna o de fórmula ya no cubre por sí sola los requerimientos del bebé. Es una etapa crítica, ya que el crecimiento sigue siendo muy rápido y el riesgo de déficit aumenta si no se introducen alimentos ricos en hierro.

Por eso, es fundamental que en la alimentación complementaria se incluyan desde el inicio:

  • Carnes magras (pollo, ternera, pavo)

  • Pescado

  • Legumbres trituradas

  • Cereales infantiles enriquecidos con hierro

  • Verduras de hoja verde y frutas con vitamina C para mejorar la absorción

En bebés que siguen una alimentación vegetariana o vegana, esta etapa requiere especial atención, y siempre debe hacerse con el acompañamiento de un profesional sanitario.

Etapa preescolar (1 a 5 años)

Durante estos años, el ritmo de crecimiento sigue siendo importante, aunque menos acelerado que en el primer año. Las necesidades de hierro siguen siendo elevadas, y muchos niños pueden tener una dieta limitada en variedad, lo que aumenta el riesgo de deficiencia.

Es habitual que en esta etapa algunos niños:

  • Sean selectivos con la comida o tengan poco apetito

  • Rechacen carnes o verduras

  • Consuman muchos productos ultraprocesados con bajo contenido nutricional

Por eso, es importante ofrecer alimentos ricos en hierro de forma regular, presentarlos de maneras atractivas y combinar con alimentos ricos en vitamina C para favorecer su absorción.

Etapa escolar (6 a 12 años)

En esta fase el crecimiento puede ser más estable, pero las necesidades de hierro siguen siendo relevantes, sobre todo por el aumento de la actividad física, la demanda cognitiva y la formación continua de tejidos.

Además, algunos niños comienzan a seguir dietas más “adultas”, donde pueden aparecer hábitos no tan saludables: comidas rápidas, menos frutas y verduras, exceso de lácteos, etc.

Es buen momento para afianzar una alimentación equilibrada, rica en legumbres, cereales integrales, proteínas de calidad y vegetales variados.

Adolescencia: un momento crítico, sobre todo en mujeres

La adolescencia marca otra etapa de gran crecimiento, tanto físico como hormonal. Las necesidades de hierro aumentan de nuevo, y es una de las fases con mayor riesgo de déficit, especialmente en:

  • Hombres con actividad física intensa o dieta desequilibrada

  • Mujeres con menstruaciones abundantes

  • Adolescentes con dietas restrictivas o vegetarianas no supervisadas

En las mujeres, la pérdida de hierro por la menstruación, unida a una dieta insuficiente o al rechazo de ciertos alimentos, puede derivar en anemia ferropénica si no se actúa a tiempo.
Algunos signos de alerta pueden ser: fatiga, falta de concentración, piel pálida, uñas frágiles, caída de cabello o bajo rendimiento escolar.

El pediatra puede valorar si es necesario realizar una analítica para medir la ferritina (indicador de las reservas de hierro) y, si es necesario, recomendar cambios en la dieta o incluso suplementos temporales.

¿Qué tener en cuenta en todas las etapas?

  • Variedad en la alimentación: carnes, pescados, legumbres, verduras, frutos secos (según edad y forma segura) y cereales enriquecidos.

  • Combinaciones adecuadas: hierro vegetal + vitamina C para mejorar la absorción.

  • Evitar interferencias: grandes cantidades de lácteos, té o cacao pueden dificultar la absorción si se toman junto a las comidas principales.

  • Consultar con el pediatra: si hay signos de déficit, dietas especiales o crecimiento rápido, es mejor revisar.

El hierro es un nutriente clave en todas las etapas del crecimiento, pero su necesidad no es igual en cada fase. Bebés, niños pequeños, escolares y adolescentes tienen requerimientos distintos, que deben cubrirse con una alimentación adaptada, variada y rica en este mineral.

Estar atentos a los periodos de mayor demanda, como el inicio de la alimentación complementaria o la adolescencia, puede ayudar a prevenir deficiencias y asegurar un desarrollo saludable.

Y como siempre, ante cualquier duda, el pediatra es el mejor aliado para valorar si hay que hacer ajustes en la alimentación o plantear alguna suplementación temporal.

 

Referencias:

  • Pasricha SR, et al. Iron deficiency. Lancet. 2021;397(10270):233-248.

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