La tripa hinchada y los gases en niños son una preocupación muy frecuente. Muchos padres comentan que su hijo tiene la barriga siempre “como un globo”, que al final del día se queja de molestias o que hace muchos gases, y es lógico preguntarse si es normal, si es por la comida o si puede haber algún problema digestivo detrás.
En la mayoría de los casos se trata de algo benigno, relacionado con la alimentación, el estreñimiento o con pequeños hábitos del día a día. Aun así, hay situaciones en las que conviene consultar con el pediatra para asegurarse de que todo va bien.
La barriga hinchada suele aparecer cuando en el intestino se acumulan más gases de los que el niño es capaz de expulsar o cuando las heces se quedan retenidas durante varios días. Esto puede ocurrir porque el niño come muy rápido y traga aire, habla mucho mientras come, toma refrescos con gas o tiene una dieta rica en ultraprocesados y pobre en fibra.
También puede influir que beba poca agua, que se mueva poco o que recientemente haya pasado por una gastroenteritis o un tratamiento con antibióticos, que alteran la microbiota intestinal (las bacterias “buenas” del intestino). En esos casos, el intestino puede estar más sensible durante un tiempo y producir más gases de lo habitual.
Es útil fijarse en cuándo se hincha más la tripa: si solo ocurre por la tarde o noche, si mejora después de ir al baño, si el niño puede seguir jugando con normalidad o si se queja de dolor con frecuencia.
La forma de comer y el tipo de alimentos tienen un papel clave. Una dieta con mucha bollería, chucherías, snacks salados, zumos envasados o refrescos facilita la fermentación dentro del intestino y empeora la sensación de hinchazón. Las bebidas con gas añaden aire extra directamente al tubo digestivo.
Los lácteos también pueden influir. Cuando se toman en cantidades muy grandes, algunos niños refieren tripa llena o pesada. Y en aquellos que tienen intolerancia a la lactosa, además de hinchazón pueden aparecer gases muy malolientes, dolor y, a veces, diarrea.
Además, hay alimentos muy saludables que en algunos niños producen más gases, como ciertas legumbres o verduras tipo brócoli, coliflor o coles de Bruselas. No se trata de quitarlos sin más, sino de introducirlos poco a poco, bien cocinados y en raciones pequeñas, observando cómo los tolera cada niño.
El estreñimiento es una de las causas más habituales de tripa hinchada en la infancia. Cuando pasan varios días sin ir al baño, o las heces son duras y cuesta expulsarlas, el abdomen puede verse abombado, el niño se queja de “dolor de tripa” de forma intermitente y su apetito disminuye.
En estos casos, revisar la alimentación es fundamental: más fruta fresca (como pera, kiwi, naranja o ciruela), verduras todos los días, legumbres varias veces por semana y agua repartida a lo largo del día. También ayuda que se muevan más, que jueguen, salten y no pasen tantas horas sentados. El cuerpo está diseñado para moverse, y el intestino también lo nota.
Si, a pesar de estos cambios, el estreñimiento es muy persistente, provoca mucho dolor o aparecen manchitas de heces en la ropa interior, es importante comentarlo con el pediatra para valorar si necesita tratamiento.
Más allá de la comida, algunos gestos cotidianos facilitan que traguen aire. Comer muy rápido, hablar y reírse mientras tienen la boca llena, beber siempre con pajita o mascar chicle de manera habitual son pequeñas cosas que, sumadas, hacen que entren más gases al estómago y al intestino.
Animarles a sentarse con calma, masticar bien, hacer pausas y no comer con prisa puede parecer un detalle menor, pero muchas familias notan mejoría solo cambiando estos aspectos. También ayuda limitar las bebidas con gas y ofrecer agua como bebida principal.
La microbiota intestinal participa en la digestión y en el bienestar digestivo en general. Después de una gastroenteritis o de varios días de antibiótico, es frecuente que el niño tenga más gases, heces algo más blandas o digestiones raras durante un tiempo.
En algunas situaciones, el pediatra puede recomendar probióticos. Ciertas cepas, como Lactobacillus rhamnosus GG (LGG®), se han utilizado para ayudar a mantener el equilibrio de la microbiota intestinal y al bienestar digestivo, especialmente tras diarreas o tratamientos antibióticos. No todos los productos son iguales ni sirven para lo mismo, por lo que conviene usarlos siempre bajo indicación profesional.
Aunque lo más habitual es que la tripa hinchada y los gases en niños se deban a causas funcionales (dieta, hábitos, estreñimiento), hay situaciones en las que sí conviene acudir al pediatra:
Si el dolor es intenso o continuo
Si hay pérdida de peso o el niño deja de crecer bien
Si la hinchazón se acompaña de diarrea persistente o con sangre
Si hay vómitos frecuentes, fiebre sin causa clara o mal aspecto general
También es recomendable consultar si la distensión abdominal es muy marcada desde hace tiempo o si hay antecedentes familiares de celiaquía, intolerancias u otras enfermedades digestivas.
En resumen, la barriga hinchada en la infancia suele mejorar ajustando la alimentación, cuidando el tránsito intestinal y revisando algunos hábitos cotidianos. Observar, hacer cambios sencillos en casa y recurrir al pediatra cuando algo no encaja son las claves para cuidar su salud digestiva sin alarmarse de más.
Referencias: