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Resfriados recurrentes en invierno: ¿es normal que se ponga malo tan a menudo?

Escrito por Creciendo sanos | Jan 31, 2026 11:00:00 PM

Llega el frío, empieza el cole o la guardería… y parece que tu hijo no sale de un catarro para meterse en otro. Mocos, tos, algo de fiebre, noches regulares y la sensación de vivir en un bucle de pañuelos y jarabes. Es lógico que te preguntes: ¿es normal que se ponga malo tan a menudo o puede tener “las defensas bajas”?

¿Cuántos resfriados son normales en un niño?

Los niños, sobre todo los que van a guardería o colegio, pueden tener entre 6 y 10 infecciones respiratorias al año, muchas de ellas concentradas entre otoño e invierno. En los más pequeños y los que están en contacto con muchos otros niños, esa cifra puede incluso ser algo mayor.

Su sistema inmunológico todavía está en desarrollo y cada virus nuevo es como “un entrenamiento”. Por eso, mientras que para un adulto un resfriado puede ser suave, en un niño puede dar más síntomas y durar más días.

Lo importante no es tanto el número de catarros, sino:

  • Cómo se recupera entre uno y otro

  • Si crece y gana peso con normalidad

  • Si las infecciones son leves (mocos, tos, fiebre moderada) o graves (con ingresos, neumonías, etc.)

Por qué se pone malo tan a menudo en invierno

No es solo cuestión de “defensas”. En invierno se juntan varios factores que favorecen los resfriados recurrentes:

  • Más virus circulando (colegios, guarderías, espacios cerrados)

  • Menos ventilación y más tiempo en interiores

  • Uso de calefacción, que reseca el ambiente y las mucosas

  • Más contacto estrecho entre niños (juego, besos, juguetes compartidos)

Además, los niños pequeños se tocan la cara, comparten vasos o juguetes y se llevan las manos a la boca con mucha frecuencia. Todo eso hace que los virus respiratorios se transmitan con facilidad.


¿Cuándo hablamos de algo “dentro de lo normal”?

En general, los resfriados recurrentes suelen considerarse normales cuando:

  • El niño está bien entre catarros: juega, come, duerme y va al cole con normalidad.

  • Las infecciones son sobre todo de vías altas: mocos, tos, dolor de garganta leve, algo de fiebre.

  • Las molestias mejoran en una o dos semanas, aunque la tos pueda tardar algo más en desaparecer.

  • No hay pérdida de peso ni retraso en el crecimiento.

En estos casos, más que pensar en “defensas bajas”, se trata de un sistema inmune que está aprendiendo y acumulando experiencia frente a los virus.

Señales de alarma: cuándo consultar con el pediatra

Aunque encadenar resfriados en invierno es frecuente, hay situaciones en las que sí conviene valorar si puede haber algo más detrás. Pide cita con el pediatra si:

  • Tiene infecciones graves (neumonías, ingresos hospitalarios, complicaciones importantes).

  • Las infecciones requieren antibiótico muchas veces al año o duran más de lo esperable.

  • Presenta fiebre prolongada sin un foco claro.

  • Se observa poca ganancia de peso o talla, pérdida de apetito mantenida o mucho cansancio incluso cuando no está resfriado.

  • Las infecciones no son solo respiratorias, sino también recurrentes en otros sitios (infecciones de piel, abscesos, infecciones profundas).

Esto no significa que tenga necesariamente un problema de inmunidad, pero sí son situaciones en las que el pediatra puede valorar hacer una revisión más completa o algunas pruebas.

¿Tiene las defensas bajas… o es lo esperable?

Es muy frecuente escuchar frases como “es que tiene las defensas por los suelos”. En la práctica, cuando un niño:

  • Va a guardería o al cole

  • Está rodeado de otros niños

  • Y tiene varios resfriados en invierno

Lo más habitual es que esté pasando por lo que llamamos “entrenamiento inmunitario”, más que por una inmunodeficiencia real.

Si hay dudas, será siempre el pediatra quien valore si tiene sentido solicitar una analítica (por ejemplo, para revisar hemoglobina, hierro, globulinas, etc.) o si todo encaja con la normalidad para su edad y contexto.

Qué puedes hacer en casa para prevenir y sobrellevar los resfriados

No podemos evitar todos los virus, pero sí ayudar a que el niño los lleve mejor y a reducir algo la frecuencia:

  • Fomentar un buen lavado de manos (antes de comer, al llegar a casa, después de sonarse).

  • Enseñar a toser y estornudar en el codo, no en la mano.

  • Evitar el humo del tabaco en casa y en el coche.

  • Cuidar la mucosa nasal con lavados suaves de suero y ambientes no demasiado secos.

  • Mantener rutinas de sueño adecuadas a su edad; dormir poco afecta al sistema inmune.

  • Ofrecer una alimentación variada, rica en frutas, verduras, legumbres y alimentos frescos.

  • Seguir el calendario vacunal recomendado y hablar con el pediatra sobre vacunas estacionales (como la gripe) según cada caso.

Lo que no está recomendado es automedicar con antibióticos, jarabes para la tos sin indicación o “suplementos para las defensas” sin criterio médico. En algunos niños, el pediatra puede valorar la utilidad de probióticos específicos o suplementos concretos (como hierro o vitamina D) si hay un déficit demostrado, pero nunca deberían darse “por si acaso”.


Referencias: