La rinitis alérgica es una de las enfermedades más comunes del sistema respiratorio, especialmente en niños y adolescentes. Se produce cuando el sistema inmunológico reacciona de manera exagerada a sustancias como pólenes, ácaros del polvo, moho o pelos de animales, provocando inflamación en la mucosa nasal. Aunque muchas personas consideran que la rinitis alérgica es solo una molestia temporal, lo cierto es que, si no se controla adecuadamente, puede derivar en otras enfermedades respiratorias más serias.
En este artículo, exploraremos cómo la rinitis alérgica puede afectar la salud respiratoria a largo plazo, qué enfermedades puede desencadenar y cómo prevenir complicaciones.
¿Cómo afecta la rinitis alérgica al sistema respiratorio?
La rinitis alérgica causa una inflamación crónica de la mucosa nasal, lo que provoca síntomas como:
Congestión y goteo nasal
Estornudos frecuentes
Picor en la nariz, ojos y garganta
Sensación de presión en los senos paranasales
Dificultad para respirar por la nariz
Este estado inflamatorio no solo afecta la nariz, sino que puede extenderse a otras partes del sistema respiratorio, aumentando el riesgo de desarrollar otras patologías.
La inflamación persistente de la mucosa nasal puede bloquear los senos paranasales, impidiendo el drenaje adecuado de las secreciones y favoreciendo la acumulación de bacterias. Esto puede derivar en:
Sinusitis aguda: Episodios ocasionales de infección sinusal, con dolor facial, presión en la frente y secreción espesa.
Sinusitis crónica: Inflamación prolongada de los senos paranasales, lo que genera congestión nasal constante, pérdida del olfato y fatiga.
Existe una fuerte relación entre la rinitis alérgica y el asma, una enfermedad inflamatoria de los bronquios. De hecho, se estima que hasta el 80% de las personas con asma también tienen rinitis alérgica.
La inflamación crónica de las vías respiratorias superiores puede extenderse a los bronquios, provocando:
Dificultad para respirar
Opresión en el pecho
Tos persistente, especialmente nocturna
Si no se trata adecuadamente la rinitis alérgica, el riesgo de desarrollar asma aumenta considerablemente.
La congestión nasal prolongada puede afectar la trompa de Eustaquio, un conducto que conecta la nariz con el oído medio. Esto puede provocar:
Acumulación de líquido en el oído
Disminución de la audición
Sensación de presión en los oídos
Mayor riesgo de infecciones de oído (otitis media)
Los niños con rinitis alérgica son más propensos a desarrollar otitis recurrentes, lo que puede afectar su audición y el desarrollo del lenguaje.
La congestión nasal crónica interfiere con la respiración normal durante el sueño, lo que puede causar:
Ronquidos
Apneas del sueño (interrupciones en la respiración mientras duermen
Fatiga diurna y problemas de concentración
Irritabilidad y somnolencia
Los niños con rinitis alérgica mal controlada pueden presentar dificultades en el rendimiento escolar y problemas de conducta debido a la falta de descanso adecuado.
El goteo nasal constante puede irritar la garganta y causar inflamación crónica, lo que predispone a:
Faringitis crónica (dolor de garganta persistente)
Laringitis (afonía y tos seca)
Este problema se agrava en personas que respiran por la boca debido a la congestión nasal.
Un adecuado control de la rinitis alérgica reduce el riesgo de desarrollar otras enfermedades respiratorias. Algunas medidas clave incluyen:
Mantener la casa libre de polvo y ácaros, usando fundas antiácaros y aspirando con frecuencia.
Evitar la exposición a pólenes en épocas de alta concentración.
No tener alfombras o peluches que acumulen polvo en la habitación del niño.
Evitar el humo del tabaco y la contaminación ambiental.
Realizar lavados nasales con suero fisiológico para limpiar las vías respiratorias.
Usar soluciones con ácido hialurónico, que ayudan a hidratar la mucosa nasal y reducir la inflamación.
El médico puede recomendar diferentes opciones según la gravedad de la rinitis:
Antihistamínicos para reducir los síntomas alérgicos.
Corticoides nasales para controlar la inflamación nasal.
Inmunoterapia (vacunas antialérgicas) en casos más severos.
Mantener la humedad por debajo del 50% para evitar la proliferación de ácaros y moho.
Ventilar las habitaciones a diario para renovar el aire.
Si un niño con rinitis alérgica presenta tos nocturna, dificultad para respirar o infecciones frecuentes, es fundamental acudir al médico para evitar complicaciones.
La rinitis alérgica no debe considerarse un simple problema estacional, ya que puede derivar en enfermedades respiratorias más serias como sinusitis, asma, otitis o apnea del sueño. Un diagnóstico y tratamiento adecuados son clave para mejorar la calidad de vida del niño y prevenir complicaciones a largo plazo.
Si tu hijo presenta síntomas persistentes de rinitis alérgica, consulta con un especialista para evaluar el mejor tratamiento y reducir el impacto de la enfermedad en su día a día.