¿Puede la falta de hierro afectar al sueño de los niños?
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Durante los primeros meses de vida es muy frecuente que el bebé llore, se ponga rojo, se retuerza y parezca que le duele la tripa. En muchas consultas se habla de cólico del lactante y también de disquecia del lactante, y es normal que las familias se confundan y no sepan si están hablando de lo mismo o de cosas distintas.
La buena noticia es que en la mayoría de los casos se trata de trastornos funcionales benignos, es decir, molestias propias de la inmadurez del bebé que suelen mejorar con el tiempo. Aun así, es importante saber en qué se diferencian la disquecia y el cólico, para entender qué le pasa al bebé y cuándo conviene consultar con el pediatra.
La disquecia del lactante es un problema muy habitual en los primeros meses y tiene que ver con la forma en la que el bebé aprende a hacer caca. No es estreñimiento, sino una falta de coordinación: el bebé todavía no sabe empujar y relajar el esfínter anal a la vez.
El bebé hace mucho esfuerzo antes de la deposición
Se pone rojo, se encoge, gime o llora
Parece que le cuesta mucho, pero cuando finalmente hace caca, las heces son blandas o normales, no duras
Es decir, el problema no está en la consistencia de las heces, sino en la forma de expulsarlas. El bebé está sano, gana peso bien, no tiene fiebre ni otros síntomas de alarma. Con el paso de las semanas, a medida que su sistema nervioso madura, aprende a coordinar y estos episodios van desapareciendo.
El cólico del lactante se define como episodios de llanto intenso, prolongado e inconsolable en un bebé por lo demás sano, que se repiten varios días a la semana y duran al menos unas horas, sin una causa clara que lo explique.
Suele aparecer a partir de la segunda o tercera semana de vida, empeora hacia el mes y medio y, por lo general, mejora hacia los 3–4 meses. Durante los episodios de cólico:
El bebé llora mucho, con cara de dolor
Se arquea o encoge las piernas hacia la barriga
Puede expulsar gases o hacer caca, pero esto no siempre alivia del todo
Entre crisis, come bien, está despierto y gana peso con normalidad
A diferencia de la disquecia, el cólico del lactante no se relaciona solo con el momento de hacer caca, sino con una inmadurez global del sistema digestivo y nervioso, junto con otros factores (sensibilidad del bebé, entorno, rutinas, etc.).
Para los padres, ambos cuadros pueden sonar simplemente a “le duele la tripa”. Sin embargo, hay detalles que ayudan a distinguir entre disquecia y cólico del lactante:
En la disquecia, el esfuerzo, el enrojecimiento y el llanto aparecen justo antes de la defecación. Todo se concentra alrededor de ese momento. Cuando el bebé consigue hacer caca (blanda), se tranquiliza.
En el cólico, los episodios de llanto son más largos, muchas veces coinciden con la tarde-noche, y no siempre están ligados al momento de la deposición. Puede hacer caca o gases durante la crisis, pero eso no explica por sí solo todo el llanto.
En la disquecia, la clave es la inmadurez en la coordinación para hacer caca; en el cólico, hablamos de un cuadro más amplio de llanto recurrente sin causa orgánica clara.
En ambos casos, el bebé está sano entre episodios, sin fiebre, con buen apetito y ganando peso correctamente.
En la disquecia del lactante, el tratamiento principal es la paciencia y la información. No se recomienda estimular el ano sistemáticamente con termómetros, bastoncillos o supositorios “para que haga caca”, porque el bebé necesita aprender a coordinar por sí mismo. Lo más adecuado es:
Acompañar al bebé durante el esfuerzo
Sostenerle en brazos, consolarle, hablarle con calma
Comentar la situación con el pediatra para confirmar el diagnóstic
En el cólico del lactante, tampoco existe un remedio milagroso. Las medidas se centran en:
Revisar la técnica de lactancia (postura, agarre, ritmo), si toma pecho
Evitar cambiar de leche de fórmula sin indicación del pediatra
Ofrecer contacto físico, porteo, ambiente tranquilo
Crear rutinas predecibles, sobre todo a última hora del día
En algunos casos, el pediatra puede valorar el uso de probióticos específicos u otras medidas, pero siempre de forma individualizada y sin expectativas irreales.
Tanto en la disquecia como en el cólico, es importante que el pediatra valore al bebé para asegurarse de que no hay señales de alarma. Debes consultar (o acudir antes de lo previsto) si:
El bebé presenta fiebre, mal color o está muy decaído
Rechaza las tomas o come claramente menos
Vomita con fuerza (en proyectil) o los vómitos son verdosos
Las heces son muy duras, con sangre, o no hace caca durante muchos días
Notas que ha dejado de ganar peso o incluso pierde
En ausencia de estos signos, lo más frecuente es que se trate de un trastorno funcional propio de la edad, que se resolverá con el tiempo. Aun así, hablarlo con el pediatra ayuda a resolver dudas, descartar otros problemas y reducir la angustia de la familia.
En resumen, disquecia y cólico del lactante no son lo mismo, aunque ambos cursen con llanto y aparente dolor de barriga. Conocer sus diferencias, entender que suelen ser cuadros pasajeros y contar con el apoyo del pediatra permite vivir esta etapa con más tranquilidad y confianza.
Referencias:
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