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Conjuntivitis en niños: cómo diferenciar alergia, irritación o infección

La conjuntivitis en niños es una de las causas más frecuentes de ojo rojo, lagrimeo y molestias oculares. El problema es que no siempre significa lo mismo: a veces se debe a una infección, otras a una alergia y, en algunos casos, simplemente a una irritación por humo, cloro, polvo o un cuerpo extraño. Saber distinguirlas ayuda a actuar mejor en casa y a consultar a tiempo cuando hace falta.

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¿Qué es la conjuntivitis y por qué aparece?

La conjuntivitis es la inflamación de la conjuntiva, una membrana fina que recubre la parte blanca del ojo y el interior de los párpados. En la infancia puede aparecer por virus, bacterias, alérgenos como el polen o los ácaros, y también por irritantes como el polvo, el humo, el cloro de la piscina o ciertos productos químicos.

Aunque muchas veces se resuelve sin complicaciones, no todas las conjuntivitis se manejan igual. Por eso conviene fijarse en cómo empieza, qué tipo de secreción hay, si pican los ojos, si hay fiebre o catarro y si afecta a uno o a los dos ojos.

Conjuntivitis alérgica en niños: cómo reconocerla

La conjuntivitis alérgica suele ser bastante típica. Lo más característico es el picor intenso, el lagrimeo claro y el enrojecimiento de ambos ojos a la vez. Muchas veces se acompaña de estornudos, mocos transparentes y congestión nasal, porque con frecuencia forma parte de una rinitis alérgica. Además, no es contagiosa y puede aparecer de forma estacional, sobre todo en primavera, o mantenerse más tiempo si el desencadenante está en casa, como los ácaros o el pelo de animales.

Una pista muy útil es que el niño suele decir que le pican mucho los ojos, más que dolerle. A veces se frota constantemente, y eso empeora la irritación. Si los síntomas se repiten cada año en la misma época o empeoran al estar al aire libre, en el parque o cerca del césped, puede deberse a una alergia.

Conjuntivitis infecciosa: viral o bacteriana

La conjuntivitis infecciosa puede estar causada por virus o bacterias. En los niños, la viral es muy frecuente y a menudo aparece junto a un resfriado. Suele dar ojo rojo, lagrimeo o secreción más acuosa y, muchas veces, empieza en un ojo y luego pasa al otro. También puede acompañarse de mocos, tos o dolor de garganta. Además, es contagiosa.

La conjuntivitis bacteriana suele hacer pensar más en una secreción espesa, amarillenta o verdosa, con los párpados pegados al despertar. El ojo también puede estar rojo e incómodo, pero el dato que más orienta es esa legaña abundante. También es contagiosa, por lo que conviene extremar la higiene de manos, toallas y almohadas.

Conjuntivitis irritativa

No todo ojo rojo es una infección o una alergia. A veces la causa es una irritación. Esto puede ocurrir después de estar en la piscina, por contacto con humo, por polvo, por un cosmético o incluso por haberse frotado mucho los ojos. En estos casos suele haber escozor, lagrimeo y sensación de molestia, pero el cuadro no suele ir acompañado de legañas espesas ni del picor intenso típico de la alergia.

La conjuntivitis irritativa suele mejorar cuando desaparece la causa que la desencadenó y se evita seguir irritando el ojo. Si solo hay un ojo afectado y el niño refiere mucho dolor o sensación de cuerpo extraño, conviene pensar también en que pueda haberse metido algo dentro y consultar.

Cómo diferenciar alergia, irritación o infección

De forma práctica, hay algunas claves que ayudan bastante. Si predominan el picor, el lagrimeo claro, la afectación de los dos ojos y los síntomas nasales, encaja más con alergia. Si hay mucosidad espesa y los párpados amanecen pegados, hace pensar más en infección bacteriana. Si coincide con un catarro y el ojo lagrimea más que supura, puede tratarse de una conjuntivitis viral. Y si empezó tras piscina, humo, polvo o un producto irritante, y hay sobre todo escozor, puede ser una conjuntivitis irritativa.

Qué hacer en casa y cuándo consultar

En casa, lo más importante es lavarse bien las manos, limpiar suavemente las secreciones con agua o suero fisiológico y evitar que el niño se toque o se frote los ojos. Si se sospecha alergia, también ayuda reducir la exposición al desencadenante cuando sea posible.

Debes consultar con el pediatra si hay dolor importante, visión borrosa, mucha sensibilidad a la luz, hinchazón marcada, fiebre alta, secreción muy abundante o si el ojo rojo no mejora. También si el niño usa lentillas o si se trata de un lactante pequeño.

En resumen, la conjuntivitis en niños no siempre significa infección. Diferenciar entre alergia, irritación o infección depende sobre todo del tipo de secreción, del picor, de si hay síntomas respiratorios y del contexto en el que aparece. Observar bien esos detalles puede ayudarte a entender mejor qué está pasando y a saber cuándo es momento de consultar.

 

Referencias:

Asociación Española de Pediatría. Conjuntivitis [Internet]. EnFamilia. [último acceso: 16 abril 2026]. Disponible en: https://www.aeped.es/enfamilia/salud-en-familia/conjuntivitis

Asociación Española de Pediatría. Conjuntivitis alérgica [Internet]. EnFamilia.  [último acceso: 16 abril 2026]. Disponible en: https://www.aeped.es/enfamilia/salud-en-familia/conjuntivitis-alergica

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