Primavera, cambios de temperatura, mocos, estornudos… y la misma duda de siempre: ¿es una alergia o es un resfriado?. En los niños, los síntomas pueden parecerse tanto que muchas familias no tienen claro cuándo están ante una rinitis alérgica y cuándo se trata de un catarro más.
Saber distinguirlos ayuda a manejar mejor los síntomas, evitar tratamientos innecesarios y cuidar la mucosa nasal, que es la primera barrera frente a virus, bacterias y alérgenos.
A continuación te explicamos de forma sencilla las diferencias entre alergia y resfriado en niños, qué pistas debes observar y cómo ayudar a su nariz cuando está irritada.
La alergia respiratoria (como la rinitis alérgica al polen, al polvo o al pelo de animales) aparece cuando el sistema inmunitario reacciona de forma exagerada frente a sustancias que, en principio, son inofensivas: los alérgenos.
Los síntomas suelen ser:
Estornudos repetidos, muchos seguidos
Picor de nariz, ojos y, a veces, paladar
Mucosidad acuosa y clara, como “agua”
Nariz taponada pero con sensación de goteo constante
Ojos rojos, llorosos o hinchados
En la alergia, el niño no suele tener fiebre ni un malestar general intenso como en la gripe. Además, los síntomas pueden ser estacionales (primavera por pólenes) o mantenerse a lo largo del año si el alérgeno es doméstico (ácaros del polvo, pelo de animales, mohos).
En la rinitis alérgica, la mucosa nasal está inflamada y muy sensible. Eso explica la congestión, el picor y el goteo constante.
El resfriado está causado por virus y es una infección leve de las vías respiratorias. Es muy frecuente en niños pequeños, sobre todo si van a guardería o colegio.
Los síntomas más habituales son:
Mocos que al principio son acuosos, pero en pocos días se vuelven más espesos
Nariz taponada y dificultad para respirar por la nariz
Tos, sobre todo por la noche
A veces febrícula o fiebre moderada
Algo de malestar general, menos energía, menos apetito
Un resfriado suele aparecer de forma más brusca, dura entre 7 y 10 días y es contagioso. Es frecuente que algún familiar o compañero de clase tenga síntomas similar en esos días.
En cambio, la alergia no es contagiosa y puede mantenerse semanas mientras el niño esté expuesto al alérgeno.
Aunque solo el pediatra o el alergólogo pueden hacer un diagnóstico definitivo, hay algunas pistas que te pueden orientar:
Si predomina el picor de nariz y ojos, los estornudos en cadena y la mucosidad es clara y constante, pensamos más en alergia.
Si el niño tiene fiebre, malestar general, tos y mocos que cambian de consistencia en pocos días, es más probable que sea un resfriado.
Si los síntomas se repiten cada año en la misma época (por ejemplo, primavera) o empeoran al contacto con polvo, césped o animales, es bastante típico de un cuadro alérgico.
Si en casa o en clase hay otros niños o adultos con síntomas parecidos, lo más habitual es que sea un virus.
En ocasiones, un niño con alergia mal controlada puede encadenar también más infecciones respiratorias, por lo que no siempre es “o una cosa o la otra”. Por eso es importante comentar los síntomas con el pediatra.
En ambos casos, la mucosa nasal sufre. En la alergia se inflama por el contacto repetido con los alérgenos; en el resfriado, por la infección viral. Una mucosa irritada y seca filtra peor el aire, se congestiona más y favorece tanto el malestar como posibles complicaciones (otitis, sinusitis, etc.).
Cuidar la nariz del niño ayuda a aliviar los síntomas y a que respire mejor. Algunas medidas útiles son:
Mantener la mucosa hidratada, evitando ambientes muy secos
Hacer lavados nasales suaves con soluciones salinas para ayudar a eliminar mucosidad y arrastrar potenciales alérgenos
Evitar el humo del tabaco y otros irritantes ambientales
Ventilar la casa a diario, aunque sea unos minutos
En contextos alérgicos, la limpieza regular de la nariz contribuye a reducir la carga de alérgenos que se depositan en la mucosa nasal y pueden desencadenar los síntomas. Además, la hidratación de la mucosa (por ejemplo con soluciones que combinan solución salina y agentes hidratantes como el ácido hialurónico) ayuda a que la nariz esté menos irritada y más protegida.
Debes comentar la situación con el pediatra si:
Tu hijo tiene síntomas respiratorios casi constantes en ciertas épocas del año
Se despierta muchas noches por la congestión o la tos
Presenta picor de nariz y ojos recurrente, que interfiere en su descanso o en el cole
Sospechas que ciertos ambientes (parque, casa con animales, polvo) empeoran claramente los síntomas
El pediatra valorará si se trata más de un resfriado recurrente, de una posible rinitis alérgica o de una combinación de ambos, y decidirá si hace falta derivar al alergólogo o ajustar el tratamiento.
En resumen, la alergia y el resfriado pueden parecerse, pero no son lo mismo. Observar la duración de los síntomas, la presencia o no de fiebre, el tipo de mucosidad y el contexto en el que aparecen, junto con un buen cuidado de la mucosa nasal, te ayudará a acompañar mejor a tu hijo mientras el pediatra termina de ponerle nombre a lo que le pasa.
Referencias: